miércoles, 27 de julio de 2011

CARTA A UN MALTRATADOR

Para ti, cabrón: Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has Menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado… porque la has maltratado. ¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras… Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu ‘método de disciplina’ intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?. Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe… La acobardas, la empujas, le das patadas…, patadas que yo también sufría.Hasta aquel último día. Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de  todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos…Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender. Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!–dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada. Me puse contento antes de tiempo. Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez…

Y sucedió.

Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre. Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí. Y ahora me dirijo a tí. Esta carta es para tí, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida. Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un mal tratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.



Juegan Voleibol en el Centro Olimpico : La koko, una liga gay

Fundada en 1987, la liga tiene 42 miembros

Freddy Tapia

Santo Domingo.- Ante tantas discriminaciones sufridas y como una manera de estar juntos, un grupo de jugadores gay, bisexuales, transexuales y homosexuales decidió fundar en 1987 la singular Liga de Voleibol Koko. Cada domingo están como los bolos de la Lotería --”a la vista de todos”-- en una de las canchas abiertas del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte. No le quedaba de otra porque por tener preferencias sexuales diferentes al común de los dominicanos, fueron erradicados de las distintas ligas en que jugaban. “Eso dio lugar a que nos agrupáramos”, sostiene Lenín Arias, presidente de la entidad. “No ha sido fácil todo lo que hemos pasado ni nuestra permanencia como liga”, exclama “La Pinky”, como él mismo se hace llamar. En este deporte han mostrado talento, aunque no han logrado en él tanta fama como la alcanzada como chefs, estilistas, decoradores, escenógrafos, arquitectos y en la danza, entre otras profesiones.

Los inicios

La liga comenzó con diez jugadores y ahora cuenta con 42, pese a las deserciones de miembros que se han ido a residir al extranjero, en algunos casos por razones de estudios y/o para estar en sociedades más abiertas. Pese a que dentro de un año la Koko celebrará su Boda de Plata, sus integrantes siguen siendo vistos con escarnio y las miradas inquisidoras suelen acompañarles desde que optan por salir de sus casas. “Todos en esta sociedad tenemos los mismos derechos, pero lamentablemente aquí en República Dominicana no es así”, lamenta “Yuri”, nombre ficticio de un ingeniero en Sistema que prefiere mantenerse en el anonimato por temor a que por su condición de gay pudieran tomar acciones en su contra en la institución pública donde labora. “El sentimiento de discriminación dirigido a la comunidad GBTH (Gay, Bisexual, Transexuales y Homosexuales) se hace sentir y se expresa en cada escenario de la sociedad, sin importar tu condición social, raza, religión, etcétera”, lamenta “Yuri”, quien decidió romper el hielo que había en el grupo y exponer un problema que durante tanto tiempo le ha estado afectando. Señala que resulta chocante que ese tipo de mentalidades se mantengan aquí en momentos en que países como Argentina y Estados Unidos permiten matrimonios de personas de un mismo sexo.

Relación con Codovoli

La relación de la Koko con la ahora Confederación Dominicana de Federaciones de Voleibol nunca ha sido buena. Eso le ha impedido lograr el aval necesario para tomar parte en torneos nacionales y en competencias internacionales como los Juegos Olímpicos Gay.

”Queremos representar al país”

Nuestro deseo es representar nuestro país en un torneo nacional o internacional, ya que contamos con los recursos humanos o atletas que dominan los fundamentos y técnicas para participar en eventos de alto nivel competitivo”, considera. “Si logramos viajar no es a la Koko que vamos a representar, es a la República Dominicana”, enfatiza “Yuri”. “Nosotros vamos a ser embajadores del país”. Pero en el organismo rector del voleibol en el país no piensan igual y prima el criterio de que como equipo pueden viajar a donde quieran, pero no como selección nacional “porque no nos sentimos representados por ellos”. Como tampoco son aceptados en ningún torneo organizado por las asociaciones, su radio de acción es tan limitado que sólo pueden celebrar partidos entre ellos. Para que conste en acta, la Liga de Voleibol Koko le recuerda a esa confederación que en 1994, cuando el incipiente Proyecto Femenino de Voleibol daba sus primeros pasos, “era con nosotros que se fogueaba porque tenemos el nivel técnico, le salía gratis, las jugadoras estaban comenzando y tenían mucho que aprender”. Declaran que desde entonces mantienen buenas relaciones con Cosiris Rodríguez, Nurys Arias, Priscila Rivera, Milagros Cabral y otras que estuvieron y están en la selección, a quienes, aseguran, les dan buenos consejos. De hecho, como un homenaje a ellas algunos de los integrantes de la Koko se hacen llamar como ellas. También hay una réplica de “Zenaida Núñez”, en honor a una de las primeras voleibolistas que reforzaron en el viejo continente, y otra “Flor Colón”. Lamentan que a la gran mayoría, por disposición de la Codovoli, no se le permite la entrada a los pabellones de voleibol del Centro Olímpico y también se le ha intentado echar de la cancha que ocupan desde el 1987 alegadamente por las palabrotas que dicen y, sobre todo, por las supuestas diabluras que hacen cuando terminan de jugar, aprovechando la oscuridad de la noche. “Eso no es verdad”, responde “Yuri”, “nosotros nos regimos por estatutos que contemplan sanciones hasta para los que digan palabras obscenas o tomen acciones que afecten a compañeros”. “Cuando queremos jugar ahí nos mandan a sacar y punto”, agrega “La Pinky”.

Tomado del Listin Diario